lunes, 4 de junio de 2007

MERCHE ESMERALDA


Mercedes Rodríguez Gamero, de nombre artístico Merche Esmeralda, se crió respirando el ambiente andaluz de su ciudad natal, Sevilla. Entre el cariño de una familia humilde iba creciendo y apuntando maneras para el arte. Sin duda, sus raíces ayudaron a formarla como artista ya que su abuela era cantaora de saetas y sus tíos de flamenco. Pero ella rompió con el miedo escénico que sentían sus familiares lo que les impidió que debutaran sobre el escenario.


TODO TIENE UN PRINCIPIO


Merche aprendió a cantar saetas de la mano de su abuela, por la que siguió teniendo curiosidad por el cante. Quizás su rumbo artístico tomó otra dirección cuando su antecesora le dijo: “hija tienes muy buen gusto y muy buen oído, pero no tienes pecho”. “Con lo que quería decir que yo no tenía unos pulmones fuertes para poder cantar”, aclara Merche.


Quién descubrió el duende que asomaba en ella fue Adelita Domingo con quién empezó a bailar sevillanas y a cantar. Pero con humildad Merche reconoce haber sido “una niña normal y corriente. A mi lo que se me veía era mucha afición y algún cachito de carácter. En verdad no he sido una niña prodigio”. Adelita Domingo la llevó de la mano a las Galas Juveniles de Sevilla que se celebraban los domingos, donde empezó a ganar 12 duros para pagarse la escuela. “Ensayábamos todas las tardes después del colegio y el domingo a las 4 de la tarde era la función. En las galas yo no bailaba sola. La primera parte siempre era de una obra de teatro para niños, y en la segunda parte había uno o dos solos. Luego se daba paso a una zarzuela donde entrábamos nosotras a bailar. Eso me hizo tener tablas. Porque un escenario hace a una persona estar muy viva, muy despierta”.


"Yo no he sido una niña prodigio. Tenía mucha afición y carácter”

Tras sus primeros pinitos en las Galas Juveniles la bailaora recuerda con añoranza que “con 14 años me escogen en el ballet de Macarena del río. Después me voy a la base aérea de Rota y finalmente al famoso tablao sevillano El Guajiro. Al poco tiempo me llaman para suplir el sitio de Rocío Jurado en el tablao El Duende de Madrid. Allí realmente es cuando yo empiezo a trabajar”.

Tras ese año de desenfrenado movimiento Merche nos retrotrae con la energética luz que emana de su mirada al Festival Flamenco de Sevilla. La bailaora recuerda con ilusión aquel día en que su nombre “empieza a florecer” porque Antonio Mairena, inesperadamente, se subió junto a ella para cantar su baile. A partir de entonces fue reclamada para los más importantes acontecimientos de arte flamenco: Festival del Cantes de las Minas de la Unión, Festival de Mairena de Alcor, El Gazpacho de Morón, La Caracola de Lebrija, Festival de la Bulería de Jerez,... Alternando ya con los artistas más relevantes, entre ellos los bailaores Matilde Coral, Rafael El Negro, Trini España y Farruco.

Nunca dejando de aprender, amplió sus estudios con los más grandes maestros de las diversas danzas españolas, hasta obtener el título de profesora de danza. En 1979, creó su propia compañía con la que recorrió.Europa, recurriendo a bailaores como el Güito o Manolete. A su vuelta ingresó como primera bailarina en el Ballet Nacional de España, requerida por el gran Antonio, entonces director del mismo, protagonizando




El Amor Brujo y la parte flamenca del repertorio. Incansable, trabajó con el GIAD-Ballet Español de Madrid. Y tiempo después fue llamada para fundar y dirigir el Ballet de la Región de Murcia con Merche Esmeralda, destacando entre sus numerosas creaciones El Cielo Protector, obra de teatro-danza dirigida y protagonizada por ella misma, Joaquín Cortés y Antonio Márquez.
A lo largo de su carrera Merche Esmeralda ha obtenido un gran reconocimiento por su sabiduría en el baile flamenco. Obtuvo el Premio Nacional de Baile en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba en 1986, recibió el Premio a la Popularidad, otorgado por el diario Pueblo en 1987 y ,entre otros, fue nombrada Dama de la Orden Jonda y Catedrática de Flamencología en Jerez de la Frontera.

HABLANDO DE DANZA


Ahora esta defensora de la escuela andaluza, se implica más en la docencia e intenta trasmitir sus conocimientos. En sus clases juega con la anatomía del bailarín, respetando su personalidad. Insiste en que “lo que hay que enseñar al alumno es la formación, su técnica, su limpieza, sus acentos, el cante, el sentido rítmico. Eso es lo que hay que enseñar. Una cabeza, una mano, la coordinación de la mano, brazo y pie. Esas cosas. Pero un estilo es intocable. El arte no es una fábrica. Son aptitudes”


Tantos años compartiendo el escenario y la docencia le han hecho diferenciar “entre tu ego y y el ego hacia los demás”. Con énfasis, explica que intenta proyectar la energía que ha vivido en sus actuaciones a sus alumnos. “Para mi es muy importante que el alumno pueda tener ese complemento de lo que es el escenario, por eso no pisar con tacón, callar, tener disciplina porque todo eso luego se va a llevar a vuestra vida profesional o de docente”


“ La técnica tiene que estar al servicio del arte”

En sus clases canta, baila, da consejos y busca que el alumno sienta el cante. “El baile sin el cante no es nada. Buscarle sentido, bailarle al cante es lo primero lo que hay que inculcarle a un alumno cuando quiere bailar flamenco”,admite la Sevillana. De la misma forma sumerge a sus alumnos en la historia del palo flamenco que se vaya a tratar. “Yo tengo la obligación de explicarte y que tú cojas el aliciente de ese baile. Que cuando estés bailando entre el cante y la burbuja de la música, sepas lo que eso representa. Es una forma de encauzar al alumno hacia lo que tiene que proyectar”



Sobretodo recalca que cuando se baila se han de buscar los sentimientos. Merche explica que “cuando bailas tienes que hacer cosas que sientas, lo que te salga y luego busca el camino para hacerlo bien, pero dime tus sentimientos. La técnica no es mas que un vehículo para llevar el arte, nada más. Una vez que salgas a bailar olvídate de la técnica, que para eso estas muchas horas en un estudio”.Admite que muchos “se creen que porque hagan clásico se les va a quitar el estilo del flamenco y no tiene nada que ver. Con el ballet, se coge un centro para el giro, se coge formación en los músculos y te hace tener mas elasticidad para potenciar más todos los movimientos”.


De momento Merche Esmeralda seguirá simultaneando la docencia con los escenarios, ya que todavía tiene “que seguir luchando” por este arte.

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